“El Castillo de Pampito”

OPINIÃO|ERASMO LÓPEZ

Cuando llegamos, con todos los miedos que trae en su corazón un inmigrante, una de las primeras cosas fue buscar una guardería para nuestro niño, para luego poder comenzar a trabajar de inmediato. Les confieso que llevábamos una gran penuria dentro, pues dondequiera que íbamos, al no tener los documentos, el trato hacia nosotros era bastante inhumano, y eso era lo que estábamos esperando en esta nueva gestión.
Fuimos entonces a la guardería más cercana a la casa en la que estamos rentados y empadronados, ésta se llama Escuela Infantil “El Duende”. Al llegar, nos recibió el Sr. Antonio, su Director, una persona joven, con una gran sonrisa y un optimismo desbordante, nos trató como si nos conociera de toda la vida y nos llenó el corazón de ánimo y esperanzas. Hizo todo lo posible porque la Junta de Andalucía permitiera que nuestro hijo fuese aceptado bajo nuestra condición, y solicitó incluso que no nos cobrasen su estancia, aunque esto no se logró, ya que tenemos que pagar todos los meses casi 300,00 euros, (cosa que no deberían hacerle a un inmigrante acabado de llegar, a sabiendas de que apenas se les paga por su propia condición). Mi familia y yo esteremos siempre agradecidos al Rey del Castillo, por todo lo que honestamente hizo por nuestro niño.
Recuerdo ahora los días de la adaptación, allí fue que conocimos a la princesa Almu-dena, la cuidadora más adorable que hemos conocido. Reconozco que nuestro duende no es nada fácil de domar, pero cuando llegamos a su nuevo castillo solo buscaba los bra-zos de su princesa Almudena para consolarse, así se fue adaptando a su nueva “guarde “, un duende más del “Castillo de Pampito”. Luego aparecieron otros duendes, a los que hoy ama, como las hermosas duendecillas Lola, y Lucía, y sus amigos Migue, Álvaro y otros muchos.
También pudo conocer a la super-princesa Lucía, otra de las educadoras que tiene toda la energía del mundo, capaz de cambiarle el ánimo a la corte entera, a la que también quiere mucho, a la princesa Carmen, a la princesa Laura, a la princesa Cinti, a la princesa Rosío. En medio de todo aquello conocí a “Pampito “, la mascota del castillo, un muñeco que tuve como huésped en mi casa un fin de semana, para que nuestro duende durmiera, comiera y jugara con él (linda iniciativa). Tengo que contarles que esas afanadas princesas nos pusieron a trabajar a nosotros también, entre muchas, recuerdo haberme visto haciendo un muñeco de nieve para navidad.
Pero hay muchos otros protagonistas en el Castillo a los que mi duende, si lo dejaran, les haría un monumento: “Los cocineros”. Esos hombres y mujeres que no se ven, pero que sí se notan. Nuestro duende no hay un día en que las seños no nos digan (se lo comió todo), y lo entiendo, lo comprendo muy bien, cuando vamos llegando al castillo, todos los padres salimos hipnotizados con los aromas únicos que emanan de tan aristocrática cocina, “qué buenos”, la única sugerencia que pudiera hacerle al Rey, es que un día estos exquisitos maestros del arte culinario les cocinen a los desafortunados padres de los duendes, aunque tengamos que llevar los ingredientes y alimentos que nos pidan. Me sentiría afortunado de probar uno de sus pucheros o de algunos de los platillos que degustan los privilegiados duendes.
Nuestra familia se siente muy dichosa por haber encontrado en nuestro camino “El Castillo de Pampito”, donde los duendes no tienen otra opción que sentirse los más afortunados y felices del mundo.
Su Rey Antonio y sus princesas reales como la gran Almudema, la simpática Lucía, la cariñosa Carmen, la carismática Laura, la risueña Cinti, y la alegre Rocío, sus cocineros, y el resto de su personal, son de esos hombres y mu-jeres anónimos que lo dejan todo en aras del bienestar de los demás. Son un ejemplo de lo que dijo el poeta cubano José Martí: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.
Es un castillo que brilla, y no necesariamente es dorado, es un castillo de amores, es un castillo encantado, es un castillo que forma de la mejor manera a las futuras generaciones de hombres y mu-jeres de esta gran nación, sin importarles nacionalidades, olores de piel, idiomas y religiones. Es un castillo que crea e innova, es de los castillos que evitará, con la educación que da, que haya guerras futuras, que prolifere el terrorismo, y logrará, con todo el amor que entrega, que los duendes que de ahí salgan, sean hombres y mujeres de paz, que como ellos, también lo entreguen todo por los demás sin esperar nada a cambio.
Ojalá mi artículo logre lo que más quiero hoy: que todo el que lo lea, reconozca en este Rey y en sus Princesas, a los héroes que hoy le hacen falta al planeta.
“EL MUNDO SERÍA MEJOR SI EN TODOS SUS PAÍSES EXISTIERAN “CASTILLOS DE
PAMPITOS”, CON REYES Y PRINCESAS COMO ESTOS ANÓNIMOS SERES
*Master em Ciencias
Sociais e Políticas

Erasno López

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