“Inmigrantes, la nueva forma de hacer política”

Por: Erasmo López

Soy inmigrante, y sé, por experiencia propia, que nadie lo es por placer, pues es una decisión muy difícil de tomar, nadie ama más a una tierra que a la que lo vio nacer, nada es más duro que renunciar a sus costumbres, a sus colores y olores, a su idioma natal, etc. Se hace por motivos muy fuertes, ya sean económicos, políticos, guerras u otros, que no te dejan otro remedio que tomar una durísima decisión como esa. Cuando se es inmigrante, se agradece enormemente la solidaridad que te den en el país de acogida, sus autoridades y, esencialmente, sus personas, tienes que estar preparado para enfrentar discriminación, malos gestos, agresiones y apatías, y a todo esto responder de la mejor forma, pues ninguno de ellos te dijo que vinieras, lo hiciste tú, sin pedirles permiso, y debes tratar de ganarte un espacio con tu actitud, tu trabajo y tus buenas formas, e integrarte en su sociedad, ya que está estructurada desde hace miles de años, con sus maneras de ser, pensar y actuar. Tienes que interiorizar que no es la sociedad que te brinda y tiende su mano la que tiene que integrarse a ti, sino que eres tú quien tienes que hacerlo, si quieres ser aceptado y bien visto en tu nuevo país de residencia.
Digo todo esto porque no veo bien que se permita que inmigrantes, por muchos motivos que puedan tener, impongan sus costumbres y religiones, en el país que solidariamente los acoge, no se debe permitir que utilicen la fuerza atacando brutalmente a las autoridades que están para hacer cumplir las leyes y proteger las fronteras; no se debe permitir que sus religiones, las que no se profesan en el país de acogida, puedan perjudicar, cuando se “radicalizan”, a niños, mujeres, ancianos y hombres inocentes, que por demás están en su país de origen y no les han hecho nada a nadie, y que además no han ido a nada a los países donde se profesan dichas religiones, ni les han hecho ningún daño, y pagar con su vida la generosidad de haberlos acogido cuando huían de sus guerras, o se morían de hambre; no veo lógico que inmigrantes, que deberían estar eternamente agradecidos al país, que desinteresadamente, les abre sus puertas y que entraron sin documentos de identidad y sin exigirles sus antecedentes penales, que quizás muchos hayan sido soldados, pertenecientes a pandillas, organizaciones criminales o piratas, etc., se les permita cargar, en manifestaciones organizadas, a pedradas, rompiendo todo lo que a su paso hallan, y contra la policía local, por cualquier argumento que puedan considerar.
Soy inmigrante, pero no creo que esto deban permitirlo las autoridades de cualquier país de Europa, que brindan asilo a cualquier extranjero necesitado, deberían crear un documento legal, donde todo extranjero acogido, se comprometa a cumplir con las leyes establecidas en el país de acogida, que en este documento se establezcan bien claras: religiones, normas políticas y costumbres del país. Si están de acuerdo y una vez firmado, que sirva de constancia, y si incumplen, las autoridades tengan todo el derecho de deportarlos a sus países de origen.
Lo que hoy está sucediendo con los inmigrantes es más serio de lo que parece, hoy no se ve tanto, pero el futuro dejará claras las consecuencias de lo que hoy es solo utilizado para campañas políticas.
Unos partidos los aceptan, pero no porque les importe la vida y el futuro de los miles que hoy recogen en el mar, solo importa dar la imagen de solidarios, pues luego son lanzados a las calles y no tienen cómo garantizarles un trabajo para su supervivencia. No lo tienen siquiera para sus nacionales, cuánto más para los últimos que llegan.
Otros se oponen, a la mitad, y otros, radicalmente, pero todos para satisfacer al sector de sus votantes, que piensan de una forma u otra, en fin, todos buscando votos, que es el verdadero móvil.
Ninguno de esos partidos se ha sentado de verdad a analizar y a hacer una política correcta, que beneficie a los inmigrantes, al gobierno y, sobre todo, al país que brinda la ayuda, para que este problema de hoy no sea un desastre en el mañana. Recuerdo ahora un viaje hace un tiempo a Francia, donde hay barrios como Sandini, donde no pueden entrar ni los nacionales ni los policías, pues es “territorio extranjero”, dirigido por bandas multinacionales, que son dueños de todo y de su propia ley; ya en España hay territorios a los que les falta muy poco para que así sean, ejemplos: Marbella y Puerto Banús, donde las mafias Rusa y de Europa del Este, se disputan sus mandatos, otras azotadas por extremismos religiosos que nada tienen que ver con las suyas, ejemplo lo sucedido en las Ramblas de Barcelona. Y dejo claro que no estoy pidiendo que se deje de ser solidario con todos aquellos extranjeros que necesitan un lugar de acogida, estoy haciendo un llamado a las autoridades, para que hagan cumplir las leyes establecidas para estos casos, que permitan una inmigración organizada, que garanticen qué tipo de personas aceptan, quiénes, etc., que les establezcan leyes y conductas a seguir, que esto no sea una forma de hacer política, para ganar votos momentáneos, cuando saben que a la larga tendrá consecuencias nefastas para su país.
Dejo claro que soy un inmigrante cubano, y estoy convencido de que somos nosotros, los “extranjeros”, los que tenemos que respetar las leyes establecidas en el país que nos acoge, dar gracias por aceptarnos y por darnos una nueva oportunidad en nuestras vidas, e integrarnos. Y que los políticos no usen a la inmigración como “la nueva forma de hacer política”.

Erasmo Lazcano López
*Máster en Ciencias

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