“Sí, soy papá, ¿y qué?”

OPINIÃO | ERASMO LAZCANO LOPEZ

Hace unos días, en una reunión de amigos, algunos histéricos se compadecían de mi cuando supieron que era padre de 6 hijos, cosa esta que sé no es común en estos tiempos. Uno de ellos alegó serle demasiado tener una sola hija, a la que hace más de 15 años no ve, y de la que poco sabe, por lo que ha volcado todo su cariño en su lindo perrito, que hoy es toda su compañía, al que el resto de los amigos apoyó, teniendo en cuenta los tiempos que corren. Este hecho me hizo reflexionar, y en esta fría madrugada, en compañía de un humeante café con leche, me vinieron a la memoria exclusivos recuerdos que hoy quiero compartir con ustedes.
Persisten en mi mente con mucho cariño aquellos amaneceres otoñales donde la foto de mi niña Mónica, “La Moñi”, mi primera hija, que ya hoy es madre y una excelente profesional, sobre una mesita improvisada hecha de una caja vacía de balas, en la trinchera, donde intentaba conciliar el sueño en aquellas frías noches de la guerra en África. Era mi mejor compañía, la que me invitaba a levantarme y comprometerme con ella en hacerlo todo bien para sobrevivir y algún día, reencontrarnos. Afortunadamente ella ha sido, es y será la crítica más ferviente y certera de mi vida y obra.
El nacimiento de la linda y versátil Wendy, hoy periodista, fue lo que hizo que en tiempos muy duros saliera cada día a darlo todo para regresar a casa al menos con la comida para sostenerlas en aquellos difíciles e inolvidables tiempos del llamado “Período Especial” en Cuba, que no había nada que comer, e incluso, con dinero, nada que comprar. Luego llegó la bella y pícara Patricia, esta me obligó a emprender y hacer más con menos, a innovar y poner en práctica estrategias únicas para que en medio de tanta escasez, no les faltara lo mínimo necesario, amor, unidad, alegría, alimentación y otros cuidados.
Nada pudo con nosotros, siempre teníamos un plan, recuerdo las clases de conducción, sobre mis piernas, puesto que ninguna llegaba a los pedales. Los días de picnic o de exploración a Castillos abandonados, las clases de buceo o defensa personal, las noches de bailes y cantos, donde todas hacían galas de sus dotes artísticas, muchas veces sin luz eléctrica, en la penumbra cómplice de una vela, nadie era más feliz que nosotros, qué contraste! Hoy, cuando tantos aparatos electrónicos se necesitan para hacer feliz a un niño, recuerdo aquellos días y noches con mis pequeñas hijas, que hoy ya son mujeres.
Tiempo después apareció mi primer varón, en el que tuve que correr para asistir a su nacimiento. Estaba trabajando en España, cuando me llegó la noticia, pero él fiel a mi, me esperó y cuando supo de mi presencia, salió desesperado para conocerme, así llegó Ery, el dueño de la alegría, el que se levantaba cada día con la mejor de las sonrisas. Ery aplacó mi carácter fuerte, me enseñó a que no tenia que saberlo ni hacerlo todo, a que se podía ser diferente, y decir con dignidad: “esto no es lo mio”, con 2 años me dejó saber que yo podía castigarlo, pero nunca mandarlo a callar, hoy tiene 12 años, estudia en un instituto de Sevilla y sigue siendo un Lord.
Pedro Enrique le pusimos al que hoy todos le decimos “Pedri”, en honor a dos grandes amigos, uno ya no está, pero sigue en el corazón de todos nosotros. Pedri llegó y se posicionó, era intranquilo, travieso como ninguno, sumamente ocurrente; día a día me obligaba a renovarme y mantenerme siempre activo, pues él solo era una central atómica, aun hoy lo es, solo que en sus 9 años ha devenido en niño muy aplicado, al que le encanta la escuela y compartir con sus amigos. Él me enseño que hay que tener paciencia y darle su tiempo al tiempo.
Ya cuando creí ver el ocaso en estos menesteres de ser padre, llegó el “Super Baby, Erasmito”, un personajito que desde que nació hizo la diferencia, día a día lucha por superarse, por llegar más lejos sin que nada ni nadie lo pueda frenar, sueña con ser un súperhéroe, el que salva a todos los animalitos del bosque y a toda su familia; adora a sus hermanos y se lo hace saber sin penas ni tapujos, no tiene miedo a nada y siempre es el primero cuando se trata de demostrar disponibilidad ante lo más difícil u osado. Erasmito me aportó saber que “nunca es tarde”, me aporta confianza, fuerzas renovadas, compañía y más amor en una nueva etapa de mi vida, donde estos elementos son tan necesarios. Me aporta también ese deseo de llegar todos los días a la casa para encontrarnos y me cuente, con sus graciosas palabras de un niño de 3 años, cómo le fue en su día y me pida, cariñosamente, que quiere fajarse conmigo.
Estoy convencido de que cuando no tenia hijos era solo el 10 por ciento del hombre que soy, el otro 90 lo han aportado cada uno de ellos. Aquí les dejo tan solo algunas de las poquitas cosas, de miles que me han sumado mis hijas e hijos, todas ellas las he necesitado para llegar aquí con más alegría en el alma, más pleno, más satisfecho de haber vivido todo este tiempo, teniéndolos a ellos como principal motivo para luchar, para levantarme, para caminar seguro, para aprender y superarme, para vivir.
Mañana cuando me reúna con mis amigos lo primero que haré será compadecerme de ellos, ya que en su momento, al igual que yo, pudieron contar con la dicha de tener una familia numerosa y no lo hicieron, temiéndole a los tiempos que corren, que en realidad en todas las épocas han sido duros y difíciles. “Lo que se han perdido”. Estoy seguro de que nada en el mundo podrá completar tanto a un hombre. Hoy soy el más feliz y orgulloso de los padres, e incluso aprovecharé este artículo para desde aquí, a Mónica, Wendy, Patri, Ery, Pedri y Erasmito, darles las gracias por haberme hecho crecer tanto, formando así al padre que un día me propuse ser; y por cierto, también hemos tenido y amado a muchos perritos. A Dios gracias, por haberme dado este privilegio, aunque haya quienes todavía se apiaden de mi.

Erasmo Lazcano Lopez*

*Master en Ciencias